Wednesday, May 23, 2007
Si estas entre volver no volver
si ya metiste demasiado en tu nariz
si estas como cegado de poder
tirate un cable a tierra
Y si tu corazón ya no da más
si ya no existe conexión con los demás
si estas igual que un barco en alta mar
tirate un cable a tierra
Y yo estoy acercndome hasta vos
bajo la luna, bajo la luna las cosas son así
tengo el telfono del freak
que esta deseoso de volarte la cabeza
En un par de minutos sale el sol
si ya no hay nada que anestesie tu dolor
si no llegas, si no alcanzas a verme
tirate un cable a tierra
No creas que perdió sentido todo
no dificultes la llegada del amor
no hables de más, escucha al corazón
ese es el cable a tierra.
Fito.
Tuesday, March 13, 2007
Un mate?
El mate no es una bebida, bueno, sí... Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión: Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo. Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es "hola" y la segunda "¿unos mates?". Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres. Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros. Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan. Es de lo poco que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara; Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos. Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un pequeño de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo. Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón… Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates…. La gente pregunta, cuando no hay confianza: "¿Dulce o amargo?"… El otro responde:"Como tomes vos". Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie. Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que se ha descubierto. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones y por fuera un mate… El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores... Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate. Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar; vos hablás mientras el otro toma y te escucha… y es la sinceridad para decir:¡Basta, cambiá la yerba!". Es el compañerismo hecho momento. Es la sensibilidad al agua hirviendo. Es el cariño para preguntar, estúpidamente, "¿está caliente, no?". Es la modestia de quien ceba el mejor mate. Es la generosidad de dar hasta el final. Es la hospitalidad de la invitación. Es la justicia de uno por uno. Es la obligación de decir "gracias", al menos una vez al día. Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Escrito por Lalo Mir.
Thursday, March 08, 2007
Saturday, February 17, 2007
Friday, September 01, 2006
Wednesday, August 23, 2006
El pequeño genio...
"...Schachtner, amigo de la familia Mozart, cuenta una anécdota que nos demuestra como Wolfgang consiguió, sin haber tomado lecciones, formar parte de un cuarteto de cuerdas. Sucedió después de su primer viaje a Viena, es decir, en 1762, cuando cuando Wolfgang tenía apenas seis años:
Cuando regresaron de Viena, el difunto Wentzel, excelente violinista pero principiante como compositor, vino a vernos con seis de sus tríos y nos dispusimos a interpretarlos; Leopold Mozart a la viola, Wentzel al primer violín y yo al segundo. Entonces, el pequeño Wolfgang se colocó entre nosotros pidiendo que le dejaramos acompañarnos en el segundo violín. Su padre se opuso, sin dejar de señalarle que aún no sabia nada. El niño se obstinó y repuso:
-Para hacer de segundo violín no es necesario saber.
Exasperado, Leopold le ordenó entonces que dejase de molestar Y wolfgang se fue llorando con su pequeño instrumento. Entonces pedi que le dejasen tocar conmigo y, ya un poco aplacado, Leopold Mozart dijo refunfuñando:
-Toca, pués, con monsieur Schachtner, ya que él te lo permite; pero bajito, que no se te oiga, porque si no, te planto en la puerta.
Así que Wolfgang empezó a tocar conmigo, y en seguida advertí con asombro que yo sobraba, y dejé mi instrumento para que el pequeño tocase solo, viendo como su padre no podia ocultar ni su emocion ni sus lagrimas ante aquel milagro. Wolfgang interpretó los seis tríos. Y cuando hubo terminado pretendió, enardecido por nuestros aplausos, interpretar también la parte del primer violín. Lo tomamos a broma, pero se lo permitimos y volvimos a empezar. Nos divirtió verle debatirse con una digitación irregular e incluso equivocada a veces, pero llego hasta el final de la composición sin acabar de perderse por completo..."
Del libro "Mozart" escrito por Marcel Brion, ediciones Vergara.
Cuando regresaron de Viena, el difunto Wentzel, excelente violinista pero principiante como compositor, vino a vernos con seis de sus tríos y nos dispusimos a interpretarlos; Leopold Mozart a la viola, Wentzel al primer violín y yo al segundo. Entonces, el pequeño Wolfgang se colocó entre nosotros pidiendo que le dejaramos acompañarnos en el segundo violín. Su padre se opuso, sin dejar de señalarle que aún no sabia nada. El niño se obstinó y repuso:
-Para hacer de segundo violín no es necesario saber.
Exasperado, Leopold le ordenó entonces que dejase de molestar Y wolfgang se fue llorando con su pequeño instrumento. Entonces pedi que le dejasen tocar conmigo y, ya un poco aplacado, Leopold Mozart dijo refunfuñando:
-Toca, pués, con monsieur Schachtner, ya que él te lo permite; pero bajito, que no se te oiga, porque si no, te planto en la puerta.
Así que Wolfgang empezó a tocar conmigo, y en seguida advertí con asombro que yo sobraba, y dejé mi instrumento para que el pequeño tocase solo, viendo como su padre no podia ocultar ni su emocion ni sus lagrimas ante aquel milagro. Wolfgang interpretó los seis tríos. Y cuando hubo terminado pretendió, enardecido por nuestros aplausos, interpretar también la parte del primer violín. Lo tomamos a broma, pero se lo permitimos y volvimos a empezar. Nos divirtió verle debatirse con una digitación irregular e incluso equivocada a veces, pero llego hasta el final de la composición sin acabar de perderse por completo..."
Del libro "Mozart" escrito por Marcel Brion, ediciones Vergara.
Friday, August 18, 2006
Objetivos.
Simplemente eso; vivir alerta (que no quiere decir vivir paranóico) para así frente a cualquier cambio, ya sea favorable o no, estar despierto a la hora de tener que tomar una decisión y que no la tomen por uno. Mucha gente está acostumbrada a vivir la vida que le va tocando en suerte, pero también existe la posibilidad de ir viviendo de la manera en que uno realmente desea y yendo donde en realidad uno siente que tiene que ir, es cierto que muchas veces es más difícil, pero también es cierto que la satisfacción final también es mucho mayor.